dijous, febrer 08, 2007

LA METÁFORA DEL BON XIC


El Bon Xic tuvo una esmerada educación, no en vano los santos putativos, artífices de una enseñanza cristiana como dios manda, le insuflaron los tradicionales preceptos que son valuarte de las esencias conservadoras y sedimento de la moral tricefálica

Los maledicentes pueblerinos, canalla de inferior casta, chismorrearon envidiosos acera de las millonarias herencias que acrecentaron la palmaria fortuna familiar del susodicho, cuantificada por encima de la facturación atribuida a la floreciente industria racholera, lo cual vendría a sublimar la idea de la propiedad privada, sus rentas y plusvalías tal cual su trasmisión, como eje fundamental de los derechos sociales. El deber de todo policía estriba en defender los valores fundamentados en la posesión de esa sagrada propiedad privada, velar por el acatamiento a los preceptos de la iglesia católica, proteger el indisoluble vínculo familiar, la unidad patria y hacer cumplir las leyes al vulgo insurrecto, lo cual digo a efectos de ciertas medidas tomadas contra algunos guardianes que contravienen los sacrosantos deberes legitimados por nuestra victoria en la santa cruzada de liberación nacional.

Saturado con estos principios no extraña su desvelo por apoyar aquellos estamentos o individuos cuya posición social basada en lo económico-político-religioso los equipare al rango superior de Alguien Nuestro. Por eso exige tolerancia sobre los excesos que estos puedan cometer, habida cuenta que los perjudicados no dejan de ser ciudadanos de otra calaña, ralea obrera a saber de recogedores de cartón, limpiadoras de portales, jornaleros o peones emigrados de otras provincias, cuando no parados: o sea la plebe, masa de condición baja obligada por nacimiento a condescender con los desatinos de los personajes de alcurnia como todo el mundo sabe, asume y es de uso común.

Evidentemente las leyes que rigen la convivencia entre castas han de favorecer los intereses de quienes crean empleo, industria y riqueza, de quienes transforman la ruinosa agricultura en floreciente industria: vistoso paisaje de humeantes fábricas y terrosas pilas que la grácil brisa mediterránea expande a los cuatro vientos espolvoreando las casas de los obreros. De quienes regeneran los míseros sectores productivos tradicionales del País Valenciano en verdoso césped golfero por donde arrastran su achacosa senectud los vejestorios privilegiados; en florecientes residencias o apiladas construcciones base de la industria turística de playa paseo y pipas.

Por eso resulta inaudito, vil estratagema de la desleal oposición, vengativa y rencorosa, que quien cumple estrictamente las premisas en que se basa el progreso y la regeneración de los pueblos, que quien sin pestañear ha impuesto la lógica de los hechos por encima de la obsoleta ley, que quien favorece el progreso de las personas que lo crean y disfrutan, que quien ha trabajado exclusivamente por beneficiar a quienes transforman esta sociedad primaria valenciana en una sociedad urbanicida, de turismo baratero, de parques temáticos, parafernalia y bambalinas, que quien ha luchado por transformar una sociedad de jornal, sueldo, anticipo y miseria en otra especuladora, de multimillonaria inversión, de compra y pelotazo, se vea acosado judicialmente, sentenciado, inhabilitado, avocado a la cárcel y, lo que es peor, a la dimisión.

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