
DEMOCRACIA PARTICIPATIVA
Continuando con la aportación al debate previo a la asamblea de IU, a la vez que realizando una lecturas crítica y marxista de la sociedad en la cual estamos integrados, los comunistas de Castelló pensamos que existe una alternativa a las políticas neoliberales las cuales en esta provincia se manifiestan con todo su omnipotente poder gracias a la permisiva política del PP. que las fomenta y apoya en todo su esplendor especulativo. Partido Popular cuya cúpula, y quienes los mantienen a golpe de dinero, gozan de intereses económicos en el insostenible desarrollismo especulativo; gracias a al falta de oposición que fenece entre un socialismo a remolque de los acontecimientos, sin iniciativas, víctima de unos acomodados dirigentes; varones contemplativos, más atentos a la brillante retórica de salón, a la foto de prensa ya las declaraciones rimbombantes que a la praxis; y una Izquierda Unida a la baja, representante de una clase obrera desmotivada, una clase trabajadora sin identidad, genuflexa ante los ajustes que le imponga la burguesía dominante; y finalmente a un nacionalismo de “ charanga y pandereta”, errático y contradictorio, que se alía con unos y otros sin reparo ideológico alguno, únicamente atento a cómo arriarse a la mayoría que ostenta la bolsa, lo mismo que una hetaira golfante. Nuestras políticas, como contrapunto a tan desolado panorama: campo abonado por la derecha a beneficio de caciques provincianos, aprovechados y engominados sinvergüenzas, pasan por la democratización plena de la economía y de todos los instrumentos que la desarrollan.
El neoliberalismo en muchos casos consigue, merced a la callada aquiescencia política, social y sindical, liquidar o reducir aquellos derechos laborales, sociales y políticos que son consecuencia y fruto de las luchas del movimiento obrero y de la izquierda. Las victorias democráticas que hicieron avanzar hacia condiciones de vida más dignas en : trabajo, educación, vivienda, sanidad, seguridad social, son cuestionadas por el sistema al considerar que esos logros representan condiciones de vida demasiado generosas para la mayoría. Por ello batallan en todos los frentes con el fin de reducir esa tasa de bienes, no solo en cada país sino en el mercado globalizado en el cual actúan. (Por eso, auque solamente sirva a título testimonial, es imprescindilbe lograr un NO rotundo a una constitución europea, a la medida del neoliberlimso capitalista, que socava aún más los derechos de los trabajadores a mayor gloria del beneficio empresarial). Quieren pocas leyes sociales y una férrea disciplina laboral que ponga a cada país a disposición de la oligarquía representada por los grupos financieros, industriales, y comerciales que actúan en el ámbito internacional sin que las legislaciones nacionales o comunitarias, en casos como la U.E, pongan cortapisas al máximo beneficio en el mínimo tiempo que representa el objetivo único del capitalismo.
La actitud revisionista de la oligarquía neoliberal representa una reducción de todos los parámetros democráticos conocidos, una laminación de leyes asentadas en los procesos de desarrollo económico capitalista en el marco del equilibrio entre una relación de fuerzas en la cual la lucha de clases, atemperando la decantación del fiel de la balanza hacia la derecha, impuso derecho y deberes.
La única forma de enfrentarse desde la izquierda a este progresivo avance de políticas, ideas y de legislaciones neoliberales que recorta y liquidan derechos es potenciando la lucha social, política y legislativa, la solidaridad y unidad internacionalista y el desarrollo de una democracia participativa.
Es la política la que debe tomar decisiones sobre el bienestar en la vida de las personas y no la mano invisible del mercado que es una mano perfectamente manipulado..
Aquí, al igual que en otras cuestiones, sobran palabras y falta hechos. Se notan las propuestas tramposas de quienes en nombre de la democracia manipula la conciencia para hacer súbditos dóciles allí donde imperar el libre albedrío y la decisión soberana de ciudadanos emancipados, o fomentan “brazos de madera” en vez de militantes en las organizaciones políticas, sociales y sindicales. La política no tendrá credibilidad para una participación activa más amplia si no se avanza en hacer del ciudadano y de la ciudadana actores dinámicos de la vida social diaria. De otra manera la política se verá como el lugar donde medran unos cuantos, a beneficio propio, sin rendir cuentas a nadie.
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